El FBI ha detenido y acusado formalmente a Terry "Jiajia" Liu, supervisor de soporte informático de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) destinado en Calais, Maine, por robo y daño a propiedad gubernamental. Según la investigación, Liu sustrajo procesadores Intel de 14.ª generación (Raptor Lake Refresh), módulos de memoria y discos duros de al menos 46 ordenadores pertenecientes al Departamento de Seguridad Nacional (DHS), los reemplazó con hardware de gama inferior y canjeó los componentes robados en el programa de recompra de Newegg. El daño total estimado por las autoridades asciende a 105.800 dólares si se sustituyen todos los equipos comprometidos con hardware equivalente. El caso pone sobre la mesa una vulnerabilidad inesperada en la cadena de custodia del equipamiento tecnológico de las instituciones públicas: no siempre el peligro viene de fuera.

Cómo se ejecutó el robo: cambios nocturnos y cámaras de vigilancia ocultas

Liu tenía acceso físico a los equipos en virtud de su cargo de soporte técnico, pero sus atribuciones no incluían en ningún caso abrir los ordenadores ni mover componentes. El director del puerto Theodore Cummings lo dejó por escrito de forma explícita: "Por favor, no mueva ningún ordenador ni pieza informática". Liu hizo caso omiso. Las cámaras de vigilancia ocultas instaladas por los investigadores captaron al acusado trasladando los equipos a una sala de formación durante el turno de medianoche, donde procedía a abrirlos con un destornillador. En una de las grabaciones se le ve raspando la pasta térmica de un procesador con ese mismo destornillador antes de instalar un chip de reemplazo, una práctica que, más allá de lo delictiva, resulta técnicamente cuestionable: la pasta térmica es fundamental para la disipación del calor y retirarla de forma incorrecta puede dañar tanto el procesador como el disipador. En otro vídeo se le ve extrayendo un módulo de memoria y guardándolo directamente en el cajón de su escritorio.

La investigación determinó que 39 ordenadores habían sido alterados en su procesador, 6 en los módulos de memoria y 8 en los discos duros. Los equipos originales montaban procesadores Intel de la familia Raptor Lake Refresh —la 14.ª generación, lanzada en 2023 y que incluye modelos como el Core i7— pero al ser inspeccionados se encontraron con chips mucho más antiguos y de menor rendimiento, en algunos casos degradados hasta procesadores Pentium. El resto de máquinas también presentaban menos memoria RAM y menor capacidad de almacenamiento que en su configuración original. El nivel de la sustitución es llamativo: pasar de un Core i7 Raptor Lake Refresh a un Pentium supone una caída de rendimiento tan brutal que cualquier usuario habría notado la diferencia en el día a día.

Especificaciones del hardware implicado

Estos son los datos clave que se desprenden de la investigación y la documentación judicial:

  • Procesadores originales: Intel Core i7, familia Raptor Lake Refresh (14.ª generación)
  • Procesadores de sustitución: hardware inferior, en algunos casos chips Pentium
  • Equipos afectados con cambio de CPU: 39 ordenadores
  • Equipos afectados con cambio de RAM: 6 ordenadores
  • Equipos afectados con cambio de disco duro: 8 ordenadores
  • Total de equipos comprometidos: al menos 46 ordenadores en tres instalaciones fronterizas de Maine
  • Valor de canje por procesador en Newegg: entre 200 y 210 dólares por unidad
  • Intercambios realizados en Newegg: 16 transacciones a lo largo de 14 meses (mayo de 2025 a julio de 2026)
  • Coste estimado de restauración del hardware robado: 20.460 dólares
  • Coste estimado de sustitución completa de los 46 equipos: 105.800 dólares (sin contar la mano de obra de configuración)
Reemplazar los 46 ordenadores comprometidos con hardware equivalente costaría 105.800 dólares, sin incluir la mano de obra necesaria para reconfigurar cada sistema para uso gubernamental.

El método de venta: Newegg como escapatoria discreta

Liu no intentó vender el hardware en el mercado de segunda mano abierto —eBay, Wallapop o similares— donde las transacciones son más visibles y rastreables. En su lugar, eligió el programa de recompra (Trade-In) de Newegg, el popular minorista de tecnología estadounidense, que permite a cualquier usuario enviar componentes usados a cambio de crédito en la tienda. Es un método aparentemente legítimo, cotidiano y difícil de vincular a una actividad delictiva a primera vista. Sin embargo, los investigadores detectaron la conexión: Liu había enviado 13 correos electrónicos entre su cuenta personal y su dirección de correo oficial de la CBP, adjuntando etiquetas de envío y recibos de trade-in para modelos de procesadores que coincidían exactamente con los que faltaban en los ordenadores del Gobierno. Además, el análisis de sus extractos de American Express reveló tres abonos de 200 dólares procedentes de Newegg.

Este método pone en evidencia una laguna en los controles de los propios programas de recompra de los grandes minoristas: en principio no exigen demostrar la propiedad del hardware que se entrega, lo que los convierte en un canal potencialmente atractivo para quien quiera convertir componentes robados en crédito o efectivo con cierta discreción. En España y Latinoamérica existen plataformas similares —desde los programas de recompra de PcComponentes hasta servicios como Back Market o Swappie—, aunque el nivel de trazabilidad varía según la plataforma y el país. Si quieres saber más sobre qué procesadores merecen la pena en el mercado actual, puedes consultar nuestra guía de mejores procesadores en 2026.

Un caso que trasciende lo anecdótico: seguridad física del hardware institucional

Más allá del morbo del suceso, el caso Liu plantea preguntas serias sobre los protocolos de seguridad física en el entorno corporativo e institucional. La mayoría de las organizaciones —tanto públicas como privadas— invierten enormes recursos en ciberseguridad: firewalls, antivirus, autenticación multifactor… pero a menudo descuidan la seguridad física del hardware. Un empleado con acceso a los equipos, conocimientos mínimos de electrónica y algo de audacia puede, como ha quedado demostrado, comprometer docenas de sistemas sin levantar sospechas durante meses. En este caso, los cambios no se detectaron por auditorías de hardware periódicas —que deberían ser estándar en entornos gubernamentales— sino gracias a la instalación de cámaras ocultas después de que surgieran sospechas.

Comparativamente, en el sector privado tecnológico existen herramientas de gestión de activos (asset management) que inventarian el hardware de cada equipo y alertan ante cambios en la configuración. Si el DHS hubiera contado con una solución de este tipo correctamente implementada, el cambio de un Core i7 por un Pentium habría disparado una alerta automática en el primer equipo manipulado, no en el cuadragésimo. El caso también evidencia que la restricción formal —la orden escrita del director del puerto— no es suficiente sin mecanismos de verificación técnica. Las políticas de seguridad deben ir acompañadas de controles que las hagan cumplir de forma objetiva.

¿Qué supone para el comprador hispanohablante?

Aunque este caso se desarrolla íntegramente en Estados Unidos, tiene implicaciones prácticas para cualquier persona o empresa que utilice programas de recompra de hardware en España o Latinoamérica. Los procesadores Intel Core i7 de la 14.ª generación Raptor Lake Refresh se comercializaron en el mercado europeo y latinoamericano a precios que, dependiendo del modelo concreto, oscilaron entre los 300 y los 450 euros aproximadamente (dato orientativo, ya que el precio exacto varía según el modelo y el momento de compra). El valor de recompra de 200-210 dólares que Newegg ofrecía por estos chips refleja el mercado de segunda mano estadounidense; en Europa, plataformas como PcComponentes Reacondicionados, Wallapop o Back Market pueden ofrecer valores similares o distintos según la oferta local. Lo relevante para el comprador es que este tipo de noticias recuerdan la importancia de adquirir hardware de segunda mano en plataformas con garantías, verificar el estado real del componente y, si es posible, comprobar la procedencia del mismo.

Nuestra valoración

El caso de Terry Liu es, ante todo, una historia de codicia mal ejecutada. Cambiar un Core i7 Raptor Lake Refresh por un Pentium en un ordenador gubernamental no es solo un delito: es una degradación tan escandalosa del rendimiento que tarde o temprano iba a ser detectada, independientemente de las cámaras. Lo sorprendente no es que Liu fuera pillado, sino que tardara 14 meses en serlo. Eso dice mucho —y nada bueno— sobre los controles de inventario de hardware del DHS. La factura de 105.800 dólares para reponer los equipos, más los costes de mano de obra de configuración, es dinero público que los contribuyentes pagarán por una negligencia institucional en los protocolos de auditoría física.

Desde el punto de vista del hardware, el caso también ilustra el valor real que tienen los procesadores Core i7 de 14.ª generación en el mercado de segunda mano: lo suficiente como para que alguien arriesgue su carrera y su libertad por ellos. Para quienes estén pensando en montar o actualizar un equipo, el mercado de segunda mano puede ser una opción interesante, pero siempre con cautela: compra en plataformas verificadas, exige factura o garantía cuando sea posible, y desconfía de precios excesivamente por debajo del mercado. A veces, el chollo esconde una historia tan sórdida como esta.